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PLAZA DEL MERCADO: ZUMETA

 ZUMETA

 

1 - 29 de julio

 
HORARIO
Todos los días: 11:00-13:30 / 18:30-21:00

 

En nuestra común visita en el pasado mes de mayo a la exposición Balerdi Berrikusten/Revisitando a Balerdi, Zumeta me volvió a sorprender, una vez más, con la contemplación, por mi parte nunca vista hasta esa fecha, de uno de sus murales de construcción y composición constructivista, situado al final de la calle Mayor, en la confluencia con la avenida de Gipuzkoa en Irun. Firmado en 1968, el mural llega a nuestros días con una validez artística, avalada por el sello del buen arte que el paso del tiempo tamiza y otorga.

Pero Zumeta, lejos de dejarse llevar por la inercia, la que se inscribe en un mismo bucle, se plantea siempre emprender nuevos retos. Si antes fue la aventura del libro Oi! bihotz, con sus 38 serigrafías, realizado junto a su hija editora y estampadora, Usoa Zumeta, que reflejaban a la perfección el mundo colorista zumetiano: audaz y altamente expresivo, le sucedió después el despliegue mural en el que se mostraba el dominio de las nuevas tecnologías, en versión digital, de pinturas creadas con el Ipad, en el antiguo Parque de Bomberos, convertido en la actualidad en sede de Donostia 2016. Ahora, ha sido su vuelta, nada menos que a la escultura, de la que tenemos importantes ejemplares en la década de los 70, la que le hace volver al origen de sus raíces, a ese gran tronco, de madera de cedro, procedente del mismo Usurbil, y de regreso a ese nuevo taller-estudio en la misma localidad en la que vuelve a reiniciarse como un artista siempre renovado.

Estas piezas escultóricas, estas cabezas que han sido un leitmotiv muy recurrente en sus pinturas y que se presentan en el suelo apoyadas en unas estructuras de hierro, completan de forma rotunda el mural del Gernika, obra realizada en 1999, de 350 x 780 cm, pintura explosiva en el color y en el gesto y que es una de las referencias importantes en la historia del arte vasco sobre el tema, después de la famosa obra realizada por Picasso en 1937, tras el bombardeo de Gernika. Desde la creación de la obra de Picasso, muchos son los artistas vascos que han revisitado esta obra y Zumeta es uno de ellos y lo ha hecho en diversas facetas, desde la pintura, pasando por el dibujo e incluso como fuente para el documental de cine en 3D, Gernika: del lienzo a la pantalla para subrayar el horror de la guerra y de la destrucción.

Ahora, para esta exposición, Zumeta se ha sumergido con una fuerza y energía evidentes, ayudado por su hijo Eneko, en la realización de estas cinco piezas de unos 200 kilos cada una de ellas, de aproximadamente 85 cm de diámetro y 110 cm de altura, “en una madera fantástica, la del cedro que se abre muy poco y que tiene escasos nudos”, como señalan las propias palabras del artista y que configuran las cabezas de un hombre, de un viejo, de una mujer y de dos niños, acabadas con pintura blanca y en un tono medio de negro, con los ojos bien señalados y con hendiduras en la propia cabeza, a modo de metáforas de heridas.

Zumeta está satisfecho de esta experiencia, de este gran reto que vuelve a retomar, inquietudes que siempre el artista ha mantenido al margen de la academia del oficio del arte, en referencia en concreto al Art Brut, y en especial con el artista francés Jean Dubuffet, las pinturas de niño, el arte popular, etc..

En los lienzos de gran formato de esta exposición comprobamos también cómo el estilo zumetiano campa a sus anchas y cómo el gesto, la emoción y el color intenso se convierten en pura pasión y pulsión pictóricas. El universo artístico de Zumeta está habitado por personales escenografías, en las que sobresalen elementos fantásticos, cabezas, figuras, artilugios, diversas grafías, cuadros dentro del cuadro, geometrías y ondulaciones variadas que cobran forma gracias al color que todo lo aglutina. Y esto lo ha hecho desde siempre, en su etapa tan fructífera como fue la de los cartones en 1985 y también ahora. Lo mismo ocurre en las 20 témperas, presentes en esta exposición que han sido realizadas durante su último viaje a Argentina, en las que asistimos al dinamismo y al estallido del color con el que como espectadores ya le identificamos. Desbordan alegría, derroche de color y pasión por la propia pintura.

No es la primera vez que expone Zumeta en un mercado. Lo hizo en el ya desaparecido mercado de San Martín, en Donostia, en el de Erandio y en el de la Ribera de Bilbao. A Zumeta le han gustado los espacios diferentes para exponer: la fábrica industrial como fue el almacén Uribitarte en Bilbao, un pabellón y la Cripta de Sainte Eugénie en Biarritz, la Bodega Portia en Gumiel de Izán (Burgos), el Hangar en Evanton (Escocia) etc.

Juan Luis Zumeta (Usurbil, 1939) es uno de los creadores más emblemáticos e importantes, con una ya larga trayectoria consolidada en el panorama artístico vasco. Desde que se embarcó, de modo autodidacta, en la aventura mágica de la creación, Zumeta vuelve una y otra vez a sorprendernos por sus series de obras, en sus muchas y diversas etapas creativas, entre las que se entrecruzan y mezclan, indistintamente la figuración y la abstracción.

Desde sus interesantes e importantes obras escultóricas en madera de finales de los 60: los famosos relieves, entramados de color, pintados con pintura industrial, directamente del bote, alcanza su etapa geométrica y abstracta en esa misma década. Desde los grandes murales cerámicos de Usurbil, Pasajes Antxo e Irun en la década de los 70, alterna etapa figurativa junto a etapa de pintura gestual y de acción a lo Pollock; informalismo, abstracción lírica hasta la vuelta de nuevo a la figuración caricaturesca y de crítica social de los 80. Posteriormente, logra pintar más a gusto que nunca la época gloriosa de los cartones, y en los vertiginosos 90, se lanza el artista a la realización de importantes y grandes murales pictóricos. La energía, la espontaneidad, la emoción se plasman en gestualidad y en una gran pasión creadora, efervescente a lo largo de toda la década del 2000.

En la trayectoria artística de Zumeta no hay que olvidar tampoco la importancia de la obra gráfica y la obra sobre papel, junto con las importantes incursiones en el mundo de la ilustración de libros, de la edición de carteles, de las carátulas de discos y poemarios.

Zumeta ha sabido plasmar en todas sus obras, su lenguaje artístico personal, su propia experiencia vital en imágenes pictóricas revisitando, una y otra vez la historia del arte y por ende, nos permite recordar a muchos otros grandes artistas que le han precedido: a Picasso, a Miró, a Chagall, a Klee, de Kooning, al grupo Cobra, a Karel Apple, etc.

Sus obras se encuentran en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, en el Museo de San Telmo de Donostia, en el Artium de Vitoria-Gasteiz, en el Museo de Arte e Historia de Durango y en el Museo de la Concordia de Santiago de Chile, entre otros.

Las obras pictóricas de Zumeta son retazos de su propia biografía, contadas de manera icónica, con pintura, con óleo, con témperas... Para Zumeta, la pintura y el arte son su auténtica vocación y para nosotros el poder seguirle en los futuros retos que todavía nos esperan es un verdadero placer.

Y… ¡ya estamos a la espera de toda una nueva esencia artística, en cualquiera de sus facetas y modalidades!

María José Aranzasti

 

 






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